Llevo doce años y medio con mis propias tiendas online y sigo con ellas. He llevado un negocio entero decidiéndolo todo yo —catálogo, márgenes, tecnología, logística, atención al cliente y las cuentas— y eso te obliga a aprenderlo todo, pero te deja sin nadie que te corrija.
He llegado al punto en el que lo que más me aportaría ya no es decidir solo, sino hacerlo con gente que sabe más que yo de las partes que a mí me costaron años.
Puedo plantearlo porque mis tiendas funcionan hoy sobre sistemas que trabajan solos: el catálogo se publica desde el proveedor, las promociones se preparan y se miden, y los avisos llegan cuando algo falla.
Lo que traigo es lo que se aprende operando con dinero propio: que un proceso no está automatizado hasta que se sostiene solo, y que un número que sale bien hay que contrastarlo antes de celebrarlo. Eso quiero ponerlo al servicio de un equipo, con la dedicación que eso exige.